En la familia se
cumplen determinados roles, los padres son los que deben ser el ejemplo a
seguir de sus hijos, son los que deben inculcar buenos modales, son los que
deben tener tolerancia y paciencia para soportar los malos comportamientos de
sus sucesores pero ¿Aún siendo los hijos mayores y conscientes de lo malo y
bueno, el padre es el único que debe seguir cumpliendo ese rol?
La paciencia que
puede llegar a tener un padre para con su hijo casi nunca la tiene un hijo
hacia su padre. Su vejes la adoptamos como un ciclo en el que los vemos como un
estorbo, en el que sus preguntas se hacen desesperantes, en que lo que dicen no
tiene importancia, entre otros.
Las personas en
nuestra juventud a veces sentimos que los padres son egoístas, entendemos que
en ocasiones no piensan como nosotros y por esto llegamos a la conclusión de
que los padres que nos puso Dios en la vida son algo “cansones”. Cuando
entramos en una edad mayor entendemos, sin necesidad de ser padres aún, las
actitudes y decisiones que tomaron nuestros padres para con nosotros. Tenemos
un pensamiento más claro de los problemas que afronta la sociedad, problemas en
los que los padres no quieren que caigan sus hijos.
Ahora en día un
adulto, hablando de edades entre los 20 a los 30 años, se concentra más en su
vida, en su actualidad. Hoy por hoy a las personas los mueven interés que estén
relacionados con su círculo social, con su cultura, con los que lo rodean. Se
olvidan de las tradiciones familiares, de aquellos momentos que quizá son más
importantes, para nuestros padres y parientes, que un objeto material.



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